Este viejo gordo se folla a sus dos hijas a las que tiene totalmente dominadas. Cada vez que su mujer sale de casa para irse fuera las obliga a que se conviertan en sus esclavas y luego no pueden contarle nada a nadie. Las pone siempre a que se toquen y se chupen mientras él las pilla por detrás y les da caña de la buena. Especialmente al viejo le gusta clavársela a sus hijas a cuatro patas, porque considera que son unas perras y que no merecen otro tratamiento. Y si alguna se queja tiene doble ración de rabo para ellas.

(1872)

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Padres e Hijas

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